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Entrevista a Trinidad Jiménez

Ago 16, 2018 | Entrevistas

Desde hace unos meses me he ido encontrando con algunas conexiones que apuntaban a Trinidad Jiménez. Primero desde su vertiente flamenca, que curiosamente es su rama más tardía, después desde el Jazz, y finalmente desde la danza. No pude evitar rascar un poco detrás de estas coincidencias porque tenían bastante buena pinta. Después de un café y un par de horas de conversación, tal y como parecía, comprobé que Trinidad es una auténtica mala bestia, en el mejor de los sentidos.

Flautista, compositora, investigadora y creadora. Su formación es tremenda, por un lado, como instrumentista, ha completado sus estudios musicales en el Conservatorio, ha pasado por escuelas de música moderna y tiene el Grado Superior de Jazz, además de diversos cursos de música popular, y el callo y las tablas de la escena local de ciudades como Granada o Madrid. Por la vía académico cuenta con el Grado de Magisterio Musical, es Musicóloga y además Doctora por la Universidad de Sevilla con la tesis “El lenguaje de Jorge Pardo: metodología y análisis (1975-1997)”, de la que seguramente en algunos meses tendremos noticias.

Sus proyectos personales empiezan a tomar cuerpo y no hace falta ser un lumbreras para darse cuenta de que Trinidad es un faro que además de tener un pie bien anclado en el estudio y el trabajo de la música, con la misma fuerza y cuidado, es consciente y permanece atenta siempre al lado más humano del hacer, que al final con todo se entrelaza.
Un autentico placer conocer de cerca uno de sus proyectos más especiales “Gabazero”, donde charlamos sobre música, trabajo, trayectoria y vivencias.

Sobre Trinidad JimÉnez

Todo comenzó en la asociación musical de un pluebecito de Almería que es Adra. Allí no hay tradición musical salvo la que hay en la banda de música del pueblo. Se me daba bien el lenguaje musical y fui el ojito derecho del profesor. Él tocaba el bombardino (es como una especie de tuba pequeña y tiene un rol parecido al del chelo en la orquesta, hace contramelodías). Así que me vi con 9 años en una banda de música y sin saber muy bien qué tocar. Empecé con viento-metal hasta los 13 años (tocaba el bombardino o el trombón).

En mi familia no hay tradición musical pero si es verdad que algún tío mio cantaba Fandangos en casa, en fiestas… pero nada más. Con el tiempo he visto el valor que tenía eso y me di cuenta de que realmente estuve expuesta a la música de alguna forma sin saberlo.
Acabé en el conservatorio y de lo único que había plaza era de violín, aunque yo quería tocar el piano, había trasteado con él y me gustaba. Como solo había una plaza me apunté con el violín.

A partir de ahí nació la dualidad que tengo, que creo que es un sello de identidad, un pie en lo popular y otro en la enseñanza clásica y el “mundo culto” digamos.

Mi aprendizaje con la flauta fue diferente porque ya había pasado por una experiencia complicada en el conservatorio. Me harté, así que me fui a Granada a estudiar Magisterío Musical que me permitía seguir con el violín en el Conservatorio. Así surgieron mis primeros grupos y proyectos. Tocaba en fiestas y con amigos, pero ya con la flauta. Solían ser temas de Rock o, a veces, con algún gitano en el Albaicín un poquito de Flamenco. En esos casos salía del paso como podía porque yo llegué al flamenco por otro sitio muy diferente y mucho más tarde, yo lo que quería era Rock y Jazz.

Y ahí empecé a plantearme que el violín era una carga y la flauta era una maravilla. Me armé de valor, porque yo había sido autodidacta con la flauta, y me presenté a las pruebas de instrumento (en el mismo año donde me había quedado con el violín) en el Conservatorio… y las pasé.
Hice 7 años y medio de instrumento con el violín y en paralelo desde los trece años ya empecé a tocar la flauta en ensembles e improvisando, tocando en un grupo de Rock en Granada y leyendo mucha música en las bandas, fui ganando muchos recursos, y llegado el momento, decidí dar el salto.

Desde ese día seguí con la flauta que era lo que de verdad me gustaba.

La cuestión respecto a la formación (sus virtudes y carencias) no depende solo de las instituciones, también es la gente, las personas con las que te encuentras. Me acuerdo que el primer profesor que tuve (de flauta) fue Lolo Fernández que es un flautista que ahora está girando con todo el mundo con el Circo del Sol. De pronto me dijo:
-¿Pero tú qué quieres hacer con la flauta?
Yo le dije, quiero improvisar y ganar mucho repertorio. El me respondió:
– Vale, pues un par de veces al mes hacemos clase de improvisación y las otras dos nos hinchamos a leer repertorio de Bach y de Telemann, etc.

A partir de ahí nació la dualidad que tengo, que creo que es un sello de identidad, un pie en lo popular y otro en la enseñanza clásica y el “mundo culto” digamos. Ya desde entonces convivía con esos dos mundos en la flauta y es un gustazo la verdad porque me ha costado mucho.

La flauta pasó a ser mi instrumento conductor para entender la música, seguí también con el piano pero para entender un poco más algunas otras cosas, como un herramienta solo, pero la flauta era mi guía. Y desde ahí seguí hacia delante.

La continuación lógica después de terminar Magisterio Musical erá seguir con Musicología, y continué en Granada. Por la mañana era musicóloga, por la tarde iba al Conservatorio y por la noche me hinchaba a tocar (risas). Y siempre he conseguido que convivieran esas dos vías porque no me costaba madrugar…
Siempre me ha encantado estudiar y tocar.

En Granada hago el primer año de Musicología y a la vez seguía tocando con algunos grupos. En ese momento surge la posibilidad de venir a grabar a Madrid con 20 años. Yo seguía con grupos de Rock y Jazz, tocando en fiestas y con amigos.

Me acuerdo que los viernes yo iba a tomarme mi caña y mi tapa al restaurante “Sueño Andaluz” (más tópico no puede ser). Los viernes venían los Chanelos, que eran una familia gitana muy conocida, el caso es que un día llevaba la flauta y surgió tocar unos temas e improvisar.
Y claro, improvisar allí, ¡en ese contexto… y con esos músicos! Eso era una prueba mucho más dura que la de la ESMUC o cualquier otra (risas), porque tú estas viendo un acorde en la guitarra pero, para empezar, la guitarra no está a 440, no está afinada, solo eso ya te complica mucho orientarte. Pero además había una cejilla, ¡eso era transporte! Eso era una locura. A todo esto, ellos te decían:
– Es muy fácil, solo tienes que hacer: titiriti tiritiriti titi… hazlo tú con el pito ese, si es muy fácil…
Y yo por dentro pensaba: …seis bemoles pero como está desafinado… hago la raíz cuadrada, multiplico por dos… (risas). Al final uno necesita tablas más que nada. Necesitas saber como funciona la guitarra y ciertos códigos.

Empecé a venir más a Madrid y me salieron algunos trabajos. Me pasaba a menudo por las jams del Marula y me encantaba el ambiente y la escena de Madrid.
Conseguí una beca en Musicología y me vine a la Complutense. Ese año le di a la pausa en el Conservatorio, terminé la carrera de Musicología y me involucré mucho en la vida nocturna de Madrid. Hace ya unos 10 años de eso, me encontré con las jams y toda la cantera de músicos de Jazz que había con un brazo en el Soul, otro en el Funk… me encantaba.

Y enlacé con los cursos del doctorado y me quedé en Madrid. Empecé a dar clases particulares y a trabajar en academias dando clases de flauta. Me becaron también en la Escuela de Música Creativa y di clase con Pepe Rivero, Adolfo Delgado, Patxi Pascual, Andrés Alén, etc. Aprendí un montón. También conocí a Ramón Paus y di clases con él. Es una persona que abre ventanas y airea el carbón para que arda lo que llevas d