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Entrevista a Trinidad Jiménez

Ago 16, 2018 | Entrevistas |

Desde hace unos meses me he ido encontrando con algunas conexiones que apuntaban a Trinidad Jiménez. Primero desde su vertiente flamenca, que curiosamente es su rama más tardía, después desde el Jazz, y finalmente desde la danza. No pude evitar rascar un poco detrás de estas coincidencias porque tenían bastante buena pinta. Después de un café y un par de horas de conversación, tal y como parecía, comprobé que Trinidad es una auténtica mala bestia, en el mejor de los sentidos.

Flautista, compositora, investigadora y creadora. Su formación es tremenda, por un lado, como instrumentista, ha completado sus estudios musicales en el Conservatorio, ha pasado por escuelas de música moderna y tiene el Grado Superior de Jazz, además de diversos cursos de música popular, y el callo y las tablas de la escena local de ciudades como Granada o Madrid. Por la vía académico cuenta con el Grado de Magisterio Musical, es Musicóloga y además Doctora por la Universidad de Sevilla con la tesis “El lenguaje de Jorge Pardo: metodología y análisis (1975-1997)”, de la que seguramente en algunos meses tendremos noticias.

Sus proyectos personales empiezan a tomar cuerpo y no hace falta ser un lumbreras para darse cuenta de que Trinidad es un faro que además de tener un pie bien anclado en el estudio y el trabajo de la música, con la misma fuerza y cuidado, es consciente y permanece atenta siempre al lado más humano del hacer, que al final con todo se entrelaza.
Un autentico placer conocer de cerca uno de sus proyectos más especiales “Gabazero”, donde charlamos sobre música, trabajo, trayectoria y vivencias.

Sobre Trinidad JimÉnez

Todo comenzó en la asociación musical de un pluebecito de Almería que es Adra. Allí no hay tradición musical salvo la que hay en la banda de música del pueblo. Se me daba bien el lenguaje musical y fui el ojito derecho del profesor. Él tocaba el bombardino (es como una especie de tuba pequeña y tiene un rol parecido al del chelo en la orquesta, hace contramelodías). Así que me vi con 9 años en una banda de música y sin saber muy bien qué tocar. Empecé con viento-metal hasta los 13 años (tocaba el bombardino o el trombón).

En mi familia no hay tradición musical pero si es verdad que algún tío mio cantaba Fandangos en casa, en fiestas… pero nada más. Con el tiempo he visto el valor que tenía eso y me di cuenta de que realmente estuve expuesta a la música de alguna forma sin saberlo.
Acabé en el conservatorio y de lo único que había plaza era de violín, aunque yo quería tocar el piano, había trasteado con él y me gustaba. Como solo había una plaza me apunté con el violín.

A partir de ahí nació la dualidad que tengo, que creo que es un sello de identidad, un pie en lo popular y otro en la enseñanza clásica y el “mundo culto” digamos.

Mi aprendizaje con la flauta fue diferente porque ya había pasado por una experiencia complicada en el conservatorio. Me harté, así que me fui a Granada a estudiar Magisterío Musical que me permitía seguir con el violín en el Conservatorio. Así surgieron mis primeros grupos y proyectos. Tocaba en fiestas y con amigos, pero ya con la flauta. Solían ser temas de Rock o, a veces, con algún gitano en el Albaicín un poquito de Flamenco. En esos casos salía del paso como podía porque yo llegué al flamenco por otro sitio muy diferente y mucho más tarde, yo lo que quería era Rock y Jazz.

Y ahí empecé a plantearme que el violín era una carga y la flauta era una maravilla. Me armé de valor, porque yo había sido autodidacta con la flauta, y me presenté a las pruebas de instrumento (en el mismo año donde me había quedado con el violín) en el Conservatorio… y las pasé.
Hice 7 años y medio de instrumento con el violín y en paralelo desde los trece años ya empecé a tocar la flauta en ensembles e improvisando, tocando en un grupo de Rock en Granada y leyendo mucha música en las bandas, fui ganando muchos recursos, y llegado el momento, decidí dar el salto.

Desde ese día seguí con la flauta que era lo que de verdad me gustaba.

La cuestión respecto a la formación (sus virtudes y carencias) no depende solo de las instituciones, también es la gente, las personas con las que te encuentras. Me acuerdo que el primer profesor que tuve (de flauta) fue Lolo Fernández que es un flautista que ahora está girando con todo el mundo con el Circo del Sol. De pronto me dijo:
-¿Pero tú qué quieres hacer con la flauta?
Yo le dije, quiero improvisar y ganar mucho repertorio. El me respondió:
– Vale, pues un par de veces al mes hacemos clase de improvisación y las otras dos nos hinchamos a leer repertorio de Bach y de Telemann, etc.

A partir de ahí nació la dualidad que tengo, que creo que es un sello de identidad, un pie en lo popular y otro en la enseñanza clásica y el “mundo culto” digamos. Ya desde entonces convivía con esos dos mundos en la flauta y es un gustazo la verdad porque me ha costado mucho.

La flauta pasó a ser mi instrumento conductor para entender la música, seguí también con el piano pero para entender un poco más algunas otras cosas, como un herramienta solo, pero la flauta era mi guía. Y desde ahí seguí hacia delante.

La continuación lógica después de terminar Magisterio Musical erá seguir con Musicología, y continué en Granada. Por la mañana era musicóloga, por la tarde iba al Conservatorio y por la noche me hinchaba a tocar (risas). Y siempre he conseguido que convivieran esas dos vías porque no me costaba madrugar…
Siempre me ha encantado estudiar y tocar.

En Granada hago el primer año de Musicología y a la vez seguía tocando con algunos grupos. En ese momento surge la posibilidad de venir a grabar a Madrid con 20 años. Yo seguía con grupos de Rock y Jazz, tocando en fiestas y con amigos.

Me acuerdo que los viernes yo iba a tomarme mi caña y mi tapa al restaurante “Sueño Andaluz” (más tópico no puede ser). Los viernes venían los Chanelos, que eran una familia gitana muy conocida, el caso es que un día llevaba la flauta y surgió tocar unos temas e improvisar.
Y claro, improvisar allí, ¡en ese contexto… y con esos músicos! Eso era una prueba mucho más dura que la de la ESMUC o cualquier otra (risas), porque tú estas viendo un acorde en la guitarra pero, para empezar, la guitarra no está a 440, no está afinada, solo eso ya te complica mucho orientarte. Pero además había una cejilla, ¡eso era transporte! Eso era una locura. A todo esto, ellos te decían:
– Es muy fácil, solo tienes que hacer: titiriti tiritiriti titi… hazlo tú con el pito ese, si es muy fácil…
Y yo por dentro pensaba: …seis bemoles pero como está desafinado… hago la raíz cuadrada, multiplico por dos… (risas). Al final uno necesita tablas más que nada. Necesitas saber como funciona la guitarra y ciertos códigos.

Empecé a venir más a Madrid y me salieron algunos trabajos. Me pasaba a menudo por las jams del Marula y me encantaba el ambiente y la escena de Madrid.
Conseguí una beca en Musicología y me vine a la Complutense. Ese año le di a la pausa en el Conservatorio, terminé la carrera de Musicología y me involucré mucho en la vida nocturna de Madrid. Hace ya unos 10 años de eso, me encontré con las jams y toda la cantera de músicos de Jazz que había con un brazo en el Soul, otro en el Funk… me encantaba.

Y enlacé con los cursos del doctorado y me quedé en Madrid. Empecé a dar clases particulares y a trabajar en academias dando clases de flauta. Me becaron también en la Escuela de Música Creativa y di clase con Pepe Rivero, Adolfo Delgado, Patxi Pascual, Andrés Alén, etc. Aprendí un montón. También conocí a Ramón Paus y di clases con él. Es una persona que abre ventanas y airea el carbón para que arda lo que llevas dentro, con Ramón fueron clases en las que pude ver mi forma de tocar de otra manera y buscar otras conexiones. Fue maravilloso.

Terminé el Conservatorio en Ferraz (Madrid) y continué cuatro años en el Grado Superior de Jazz de la Escuela de Música Creativa.

El primer acercamiento al Flamenco

Estando en Madrid un día una amiga me llama y me dice que está aquí el sobrino de El Lebrijano, el Sebitas, y que estaban haciendo cosas de flamenco. Ahí empecé a ver frases de flamenco y a probar cosas, pero desde un ambiente distendido. Fue un año y medio, o dos, de probar muchas cosas y aprender.

Después di unos cursos de música India en la Casa de Asia aquí en Madrid y conocimos a un grupo de alumnos muy interesantes, entre ellos un laudista que se llama Hames Bitar. Me contó que estaba metido en un proyecto de danza y que tenían una fecha en un festival, me invito a tocar con ellos.
Ahí empecé a tocar para proyectos de danza desde hace 8 ó 9 años ya. Era un espectáculo de Patricia Paso de danza oriental. Patricia además tiene una escuela de danza y mezclaban músicas orientales con el Flamenco entre otras cosas. En realidad a partir de ahí comenzó a estar muy presente el Flamenco para mi.

Me acuerdo que fue el festival Tres Culturas (Murcia) al que fuimos y era impresionante cómo empezabas a ver todos los vasos comunicantes entre los diferentes estilos musicales, las raíces que no se ven pero que están ahí. La música oriental, el Flamenco, lo popular, etc.

Seguí colaborando con este laudista y me habló de otro proyecto un poquito más hondo de “Flamenco a la turca”. Me he ido metiendo poco a poco desde el mar de las fusiones hasta penetrar poco a poco en el flamenco mas “puro”. En este caso la mezcla de música turca con el Flamenco es especial, hay muchos palos que se parecen mucho entre si, como la longa turca y la rumba, y la rumba a su vez a la música cubana porque tiene su propia herencia. En la música turca también se secuencian los ritmos de forma similar al Flamenco, es otro universo por conocer. Yo lo conocí en su intersección con el Flamenco y con músicos que eran solventes en eso. En la banda había una bailaora que había vivido en Estambul, un percusionista turco, la cantaora que era japonesa, había otro cantaor gitano, Raúl, y el guitarrista era de Madrid. Yo era la andaluza y era la exótica.
A raíz de trabajar en este proyecto descubrí a otros profesionales del Flamenco y he ido conociendo a gente de la escena, han surgido proyectos interesantísimos, giras preciosas y buenos amigos.

Los proyectos de Trinidad Jiménez

Gabazero fue la respuesta a la necesidad y el deseo idealizado de tener un espacio propio donde poder ensayar, grabar, compartir e idear proyectos heterogéneos. Durante mucho tiempo, mi compañero y yo, anduvimos buscando un local, un lugar donde poder hacer todo esto. Encontramos un semisótano cercano a casa y durante años, con mimo, fuimos reformándolo. Ahora alberga masterclasses, los ensayos de nuestras bandas, conciertos privados, etcétera. Y comienzan a anidar propuestas de gente muy interesante a la que cedemos la sala: clases regulares de combo, de instrumento, de armonía, de improvisación, de educación auditiva, “mi primer grupo de música”… Este último fue una iniciativa que probamos a hacer y que caló: niños menores de 6 años aprendiendo música haciéndola, “componen” sus propias canciones, tocan instrumentos y quedan para tocar, “juegan” a ser un grupo, una banda.

Músicas contemporáneas, Jazz, Flamenco o clases de especialización muy concreta inundan Gabazero semanalmente. Estad atentos a los eventos desde nuestra página de Facebook.

… lo último que estoy “tramando” es Flautaora, un proyecto que es pura inspiración del maestro Pardo. […] estoy estudiando a muchas mujeres del flamenco: a la Niña de los Peines, a la Paquera, etc. Estoy estudiando sus cantes y rearmonizándolos con un lenguaje mas cercano al jazz o a la música contemporánea…

Sobre el nombre… La palabra en realidad yo la escuchaba en mi casa, mi madre la decía mucho y buscando el significado parece que el gabacero es como una especie de contenedor donde se le saca la esencia a las semillas, frutos… siempre quedan cáscaras y restos y una especie de desorden después de haber conseguido esa esencia.
Me gustó la metáfora porque Gabazero es un contenedor/espacio donde le sacamos el jugo y la esencia a cualquier actividad que hagamos ahí. El último toque fue cambiar la “c” por la “z” porque en google aparecía más fácilmente en las primeras posiciones (risas)…

Okapi Project es uno de los proyectos que considero que llevan mi sello, mi impronta. La mitad son composiciones de Carlos Hernández, guitarrista de la banda, y la otra mitad son míos. En el primer disco grabaron Alexis Reyes al bajo y Michael Gollanes a la batería. En formación de cuarteto. En esa primera grabación no solo compongo sino que pensamos el proyecto para que fuera una puerta para explorar un registro electrónico con la flauta.
Lo que me pasaba al tocar con otros vientos o instrumentos es que al final se acaba creando una masa sonora muy densa y la flauta tiene una frecuencia finita. Así que decidí empezar a jugar con un octavador, chorus y delay. Con una pedalera de guitarra empecé a probar presets y conseguí sacar el que creo que es mi sonido.

Vamos a seguir grabando otro disco en breve pero llevará un poco de tiempo porque tanto Carlos como yo andamos en otros proyectos que caminan solos.
Estuvimos también en el Festival de Jazz de Malaga con Dani Dominguez, Ricky Padilla a las teclas y Carlos Hernández al bajo y lo llamamos Trinidad Jimenez Electric Quartet para que no fuera Okapi Proyect porque no solo había temas de Okapi, también tocamos algunos míos y otros más vinculados al jazz moderno.

Quartetazzo es un proyecto muy interesante y creo que es algo nuevo totalmente, que hacía falta, o yo lo sentía como algo muy natural. En la banda está Emilse Barlatay que es argentina y de pronto viene a España y por la tradición de la flauta ha tocado mucho Flamenco como yo, entre otros proyectos interesantes. Leticia Malvares desde Brasil, enamorada del Flamenco pero también de los Choros y la música brasileña. Ha tenido contacto con Hermeto Pascoal y con ensembles de flauta (porque allí en brasil la flauta tiene una gran tradición y tiene más arraigo en la música y hay mucha literatura escrita para flauta). Ademas ella toca la flauta en sol que se toca mucho en la Bossa y es un poco más grabe que la flauta tradicional que todo el mundo conoce. Y Carmen Vela, que está metida en proyectos de todo tipo y siempre tiene un pie en el jazz, tiene un lenguaje “swinguero” de alucinar y siempre anda en proyectos colaborativos diferentes.

Son unas maravillosas flautistas que están activas en la escena madrileña y nos conocíamos de pasarnos trabajos. Por la tradición de la flauta travesera no solemos tocar en una sección de vientos como hacen los saxos por ejemplo. La flauta no ha estado muy presente en las Big Bands tradicionalmente. Así que las lie para ir a un curso de Jorge Pardo. Son unos cursos internacionales que se hacen en Sanlúcar de Barrameda. Todas somos picoteadoras natas, porque la historia de la flauta es un poco así también yo creo, es un instrumento ecléctico que ha estado presente en muchos estilos de música y todas nosotras sin querer también hemos picoteado de esos estilos. Y al final yo lancé una idea y dije: “Aquí veo un cuartetazo”. Y al final se ha quedado hasta el nombre.
Todas componemos y arreglamos fijándonos en nuestra tradición musical. Para mi ha sido una plataforma para componer para cuarteto tanto cosas contemporáneas como Flamenco para flautas y percusiones.
Ahí estamos indagando, y saldrá mejor o peor pero es nuestra música. Es muy interesante porque suena a música contemporánea por la tímbrica, todas improvisamos porque todas hemos tocado jazz y todas tenemos un poquito de Flamenco y es fácil soltar ideas.

Emilse nos acerca una Chacarera argentina, Leticia nos trae los colores de la armonía brasileña, Carmen arregla temas de Big Band para cuarteto de flautas… Creo que es un proyecto muy interesante y le queda mucha andadura. Llevamos casi un año y nos ha dado tiempo a hacer muchas cosas, hemos ido a Berklee Valencia invitadas por Joao Bouhid en un proyecto que se llama “Sonido sin fronteras”. También hemos grabado en el estudio e hicimos un vídeo con él aquí en Gabazero precioso.

3 Mujeres: hace años monté este proyecto en una Residencia artística en los Teatros del Canal junto a EnClave Danza y Larumbe Danza (con sus bailarinas y coreógrafas, Cristina Masson y Daniela Merlo respectivamente). Fue construir la obra entre las tres, desde la nada, probando, improvisando, conociéndonos durante el proceso. Es una obra muy orgánica, surrealista, sutil, en la que pude ampliar mucho el lenguaje y entender cómo funciona un poquito la danza contemporánea. Fue una oportunidad para explorar el lenguaje con la flauta bajo, cacharrear con la pedalera de loops y efectos, y moverme y conocer un poco más cómo estar en escena. La obra se montó y hoy día sigue rodando sola (¡nos vamos de gira italiana en septiembre!). Y que dure.

Y lo último que estoy “tramando” es Flautaora, un proyecto que es pura inspiración del maestro Pardo. El se fijó en el cante para ver el código genético del estilo del Flamenco. El se fijó ahí y estudio mucho la forma de cantar de Camarón y otros grandes del cante. En mi caso estoy estudiando a muchas mujeres del Flamenco: a La Niña de los Peines, a la Paquera, etc. Estoy estudiando sus cantes y rearmonizándolos con un lenguaje mas cercano al jazz o a la música contemporánea pero quiero que el cante esté intacto y que sea un homenaje a las mujeres del Flamenco. Muchas veces se han quedado en el ámbito privado pero no dejan de ser maestras porque le han enseñado el cante a varias generaciones en casa, por ejemplo. Y a nivel profesional dependían de sus maridos o de su atrevimiento para colarse en la escena.
La flauta hoy en día es el resultado de una evolución no solo histórica sino musical y de pensamiento. Que haya una flauta en el Flamenco quiere decir que el molde se ha ido haciendo ancho.

Las músicas populares y el estudio musical

En Musicología no nos hacen coger el instrumento. La Musicología está pensada como Historia y Ciencia de la música pero las ciencias no son tantas, hay mucha Historia de la Música, análisis musical, conocer los estilos, las obras clave, los compositores, autores, y un poco cómo se han entrelazado todos estos agentes a lo largo de la historia. Pero esa historia termina en Debussy, que son principios del siglo XX, y las músicas populares son una asignatura pendiente en Musicologia.
Desde el siglo XX el Jazz, la música contemporánea y otras músicas populares están en la misma habitación y no se separan. Eso de momento no se trata, supongo que hará falta un poco más de perspectiva histórica. Existe la Etnomusicología que estudia las músicas del mundo pero a un nivel más antropológico que musical, no te pones a analizar el Gamelan de Bali musicalmente. O el Flamenco incluso, que es una asignatura pendiente para analizar musicalmente.

Es curioso como desde los años 40, el régimen se apropió un poco del Flamenco como la música del país y estuvo asociado durante mucho tiempo a algo encriptado, añejo y rancio. Cuando realmente esa asociación no era tal, porque el Flamenco siempre ha estado muy vinculado a la base de la cultura. Y pasa mucho que en determinadas situaciones las instituciones se apropian de elementos que no son suyos y se encargan de subrayar todo lo tópico y típico que, curiosamente, ahora es lo que se exporta. Aunque el Flamenco siempre ha sido reflejo de la historia que estaba pasando, hay muchos elementos que perduran desde los orígenes pero siempre ha convivido con las músicas y con la historia de un pueblo y de lo que le pasaba a ese pueblo, pero como no se conoce, no se sabe.
Mi experiencia ahora que toco mucho con compañías de danza y en festivales internacionales es que nos tratan como si fuéramos especiales y nuestra música, fuera de España, está muy valorada. Y aquí no nos damos, ni nos dan, el valor musical que debería tener una música como el Flamenco.

Para mi lo que ha significado y lo que es el Jazz es un lenguaje universal que te da un vocabulario enorme que me ha permitido hablar en diferentes argots.

Sobre el Jazz y su raíz

El Jazz ahora está empapándose de sus raíces y ya existen como denominaciones de origen dentro del estilo, Vijay Iyer bebe de su raíz, Tigran bebe de su raíz, o Ibrahim Maalouf que está explorando con los cuartos de tono que son típicos del cante de su región, también bebe de su raiz. Y a la vez conviven con otros elementos del Jazz que son más escolásticos. Aquí está pasando lo mismo.

El Jazz es fusión y el Flamenco es fusión, lo del purismo es una idea muy grande que se desmorona si ahondas un poco en la historia, somos un continuo de fusiones. Es tremendo, cuando metes la nariz un poco en el estudio de la música, se te caen todos los mitos sobre el purismo. También creo que hay elementos perfectamente reconocibles en la música. Mientras no se pierdan las lineas que dibujan un poco el estilo vamos bien pero claro cuales son esas lineas eso ya es cosa de cada uno.

Para mi lo que ha significado y lo que es el Jazz es un lenguaje universal que te da un vocabulario enorme que me ha permitido hablar en diferentes argots. Lo que me ha permitido el jazz a mi al estudiarlo ha sido entender la visión analítica de la música, la armonía, las escalas, aprender como combinarlas y darte un espacio muy amplio para ser tú utilizando ese lenguaje.

 

 Y gracias a las grabaciones podemos escuchar lo que han echo otros. Y el Jazz y el Flamenco tienen una tradición de grabación sonora muy grande. Esto es importante porque para mi la grabación sonora ha sido lo que la partitura escrita en las músicas cultas. Desde la existencia de grabaciones sonoras podemos hablar de academicismo en las músicas populares porque hay un referente ya, hemos pasado de la tradición oral a un registro que pasa a ser un referente. Gente como Alan Lomax o Bartok que se dedicaron a grabar músicas populares para poder analizarlas y saber como eran. Este hecho, en el contexto del siglo XIX y los nacionalismo, fue curioso simplemente pero permitió introducir a las músicas populares en una escena más global. Esto permitió por ejemplo que Miles Davis y Gil Evans hicieran el Sketches of Spain.

Un compañero, Juan Zagalaz, en un estudio reciente comprobó que hay relaciones entre la Saeta de Miles de ese disco y una saeta de La Niña de los Peines grabada varias décadas atrás. Y eso es todo debido a la historia de las discográficas, de las grabaciones sonoras. Juan Zagalaz deduce que Miles tuvo acceso a esas grabaciones de La Niña de los Peines y eso fue inspiración para imitar esa forma de cantar y acercarse a ella desde el discurso de la trompeta. La grabación sonora ha sido clave.

Las Titulaciones y el academicismo

Universidad y Conservatorio tienen una historia complicada. Hubo un momento en el que se separaron, musicalmente hablando, y somos uno de los pocos países en los que tenemos muchas más horas lectivas que muchos otros planes de estudio en otros conservatorios europeos pero no tenemos titulación oficial a nivel de Bolonia. Tu te vas con tus 14 años de conservatorio a Bélgica y se ríen de tí… No puedes convalidar. Por eso hay mucha gente que se va a Róterdam porque hay un Conservatorio que es el único que da la titulación superior de Flamenco. Allí le dan mucha importancia a las músicas del mundo e incluyen el Flamenco como una más. Paco Peña está allí haciendo una labor muy interesante. En Róterdam el Jazz, el Flamenco y otras músicas del mundo están en un espacio común y reconocido.

Aquí tenemos el grado medio y el superior de guitarra en Córdoba o el de Flamencología, pero de instrumentos que se están incorporando al Flamenco nada. Y el grado medio de guitarra en el Conservatorio de Arturo Soria en Madrid, y parece que están poniendo alguno más, pero realmente es algo anecdótico en comparación con el calado del Flamenco y del Jazz en nuestro país, aquí que hay una escena muy numerosa y muy buena. Pero no hay apoyo institucional ni se programa mucho, ni en televisión se ven programas de música, ya no te digo de Jazz o Flamenco, sino de música en directo, que es algo hasta exótico.

Lo que no veo es que si lo que queremos perseguir es la igualdad hagamos festivales solo para mujeres, porque eso es crear un gueto precisamente. Simplemente creo que se trata de que haya más participación.

El género en la música

Lo bueno es que surja este debate. Que tú me preguntes significa que ya es visible ¿no? Lo que no veo es que si lo que queremos perseguir es la igualdad hagamos festivales solo para mujeres, porque eso es crear un gueto precisamente. Simplemente creo que se trata de que haya más participación. No se de quién depende esto la verdad. No tienen porqué tratarnos de forma especial. Hay que premiar el talento, la disponibilidad y la empatía con lo que estés haciendo.

Quartetazzo no nació buscando un grupo solo de mujeres. Por otro lado, puede ser que demos cierta visibilidad a las mujeres instrumentistas, sí, pero es algo derivado, no lo buscamos por el hecho de ser cuatro mujeres, salio así. Lo que sí es verdad es que siempre acabas llamando a gente que tienes cerca. En Madrid cada vez hay más mujeres instrumentistas y muy buenas, digo instrumentistas porque es más habitual que haya cantantes por la tradición del jazz pero es difícil definir porqué.

En el Flamenco si es verdad que hay muy pocas mujeres músicas. Hace poco El País, por ejemplo, dio visibilidad a las tocaoras y eso está muy bien. Pero por la parte que me toca, y pensando en muchas mujeres flautistas que están metidas en el flamenco, pues también hay soplaoras. Hay mujeres guitarristas que ya están en la escena flamenca y cuentan con ellas porque dan la talla y porque tienen un discurso interesante. Y lo mismo con las percusionistas. Aquí en Madrid un foco grande es Nasrhine Ramani que ha llevado la Jam de flamenco del Café Berlín (Madrid). Ella es una mujer percusionista en un mundo de hombres.

Debe haber presencia femenina para que las generaciones siguientes sepan que hay mujeres y porque si queremos igualdad de verdad hay que mezclarse, no me valen los guetos de mujer, para mi no. ¿Reservar en un festival de Jazz dos o tres bandas solo porque sean mujeres? pues no sé hasta que punto eso es algo bueno. A la vez si queremos ser iguales pues hay que apostar por la música y tenemos que estar ahí, hombres y mujeres.

La revolución yo creo que se hace día a día y con la convivencia cercana, hoy te he invitado yo al café (risas). Basta de tonterías, hay que convivir y desde las cosas pequeñas se hacen otras grandes, no tanto con pancartas gigantes, que son necesarias y dan visibilidad, pero la revolución verdadera es silenciosa y gota a gota. Es muy importante el entorno cercano, en mi caso educar a mi hijo, convivir con mi pareja, los grupos de hombres en los que yo soy la única mujer, etc.
Si es verdad que me encuentro situaciones en las que algunos hombres no están acostumbrados a que una mujer lleve la iniciativa, trabajando con mi música y mis composiciones, pero incluso en esos casos hay que trabajar desde lo pequeño y hacerse entender. En lo cotidiano y en el día a día es donde está la lucha.

Lo cierto es que hace tiempo estas cosas ni se hablaban, hace años para salir del país, o para trabajar, tu marido tenía que firmar un permiso. Ahora estamos en otro punto y creo que hay muchos cambios que se pueden tocar y hay que trabajar en ellos pero es verdad que a nivel mundial la situación de la mujer es horrible.

Yo fui madre hace unos años y es algo inevitable, el sistema tal y como está planteado te separa de la escena laboral. Pero en mi casa he tenido un compañero de vida que pidió una excedencia y eso permitió que los dos compatibilizáramos el trabajo y pudiéramos dedicarnos a nuestra carrera, eso no es habitual. Hay muchos tipos de relaciones, es verdad, pero también hay que decir que el sistema habla por si solo y hay 4 meses de maternidad y uno de paternidad, el mensaje es muy claro. Pero la guerra está en reclamar, o buscar los resquicios legales y en seguir caminando pero hombro con hombro, hombres y mujeres. Esa es la igualdad real.

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Sobre el autor

Dani

Sociólogo, con cierta afinidad por la tecnología, usuario de software libre y amante de la música, la cultura y las buenas relaciones sociales. A veces me llaman lanide.