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Calle 52

Nov 7, 2013 | Artículos | 0 comentarios

Harlem – Años 40

La gran depresión pasó hace tiempo y el Swing que llegó a vender 40 millones de discos al año ya no era lo mismo. Los recortes económicos derivados de la II Guerra Mundial dificultan las cosas para los músicos, las discográficas imponen impuestos a salas de baile y radio, etc..

Cerró la sala Savoy (mítico lugar de encuentro y baile para blancos y negros) en New York. Los enfrentamientos eran frecuentes entre unos y otros, muchos hombres de jazz blancos no se atrevían a visitar el barrio a pesar de todo. Harlem comienza a tomar su mala reputación, y los jóvenes músicos negros eran el centro de las miradas, hacían buena música, vestían bien, tenían un “lenguaje” propio, una nueva asertividad.

La revolución del Jazz, el Bebop

Un reducido grupo de jóvenes músicos inquietos aparecen en escena con un notable aire de renovación, cansados de las restricciones de las orquestas, se reúnen a menudo en el Mynton’s Place House donde tenían completa libertad para improvisar y crear. T. Monk, Kenny Clarke, B. Webster, C. Christian, L. Young o R. Eldrige a quien una noche sustituyó un joven trompetista enérgico, imprevisible, emotivo, fresco… llamado Dizzy Gillespie. Él tiró del cambio que venía, lo propició, tenía conocimientos de composición, dicen que enseñó a los demás, era un intelectual de la música. Él y C. Parker, a quien llamaba “la otra mitad de mi compás”, serían las cabezas visibles de toda una generación que, de nuevo, reinventaría el jazz como ya lo hizo Armstrong años atrás en New Orleans.

Duke Ellington

Por otro lado Duke Ellington continúa con su brillante carrera. Impedido por su edad para ir a la guerra, a principios de los 40 fichó por RCA quien le da vía libre para componer prácticamente lo que quisiera. No deja de innovar y sorprender: Jump for joy (por los derechos civiles de los negros), Black, brown and beige (a cerca de la historia de los negros afroamericanos, un tema que rompió los limites del tiempo en las grabaciones), etc. También contrató a Billy Straihorn que sería su mano derecha casi hasta el final de su carrera.

Manhattan. La calle 52

A mediados de los 40, el Jazz estaba en el Onyx, Famous Door, Three Deuces, Spotlite o Down Beat, entre otros. Era la Calle 52, todo el mundo tocaba allí, todos los estilos, tanto el de New Orleans como el deslegañado BeBoop, o el aun latente Rythm and Blues. B. Holiday, “Lady Day”, era la reina de “la calle”.

No fue hasta el 45 cuando “Bird” (apodo que se ganó en la orquesta de Jay McShann donde siempre que podía ponía en práctica lo que aprendió en Nueva York) grabó sus primeros temas para Savoy Records. Nada menos que Dizzy Gillespie, Miles Davis (apenas con 17 años), Max Roach y C. Russel. Fue un escándalo.
Se crearon nuevos ritmos, solos más atrevidos, armonías frescas y sobre todo una nueva forma de tocar basada, no en la armonía como hasta entonces sino, en los acordes. C. Parker Amplió el registro, las escalas, podía tocar cualquier nota y hacer que encajara en la melodía, Bird dijo “cobré vida, podía volar”.

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Sobre el autor

Dani

Sociólogo, con cierta afinidad por la tecnología, usuario de software libre y amante de la música, la cultura y las buenas relaciones sociales. A veces me llaman lanide.

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