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La ambigüedad del cruce de caminos

Oct 1, 2015 | Artículos | 0 comentarios

Más allá de mi interés por intentar entender la evolución de dos disciplinas tan cercanas y tan lejanas como el Blues y el Jazz, últimamente veo muchas referencias que, desde el Jazz, apuntan hacia la música Clásica.

Parece que todo el mundo coincide en que es necesaria una formación clásica para ser un buen músico o al menos que dota a los mismos de unos recursos que de otra forma es complicado adquirir. Supongo que es posible ser autodidacta pero digamos que, o lo estudias en el conservatorio o lo estudias por tu cuenta pero es necesario manejar ciertos recursos si uno quiere llegar al fondo de las cosas.

Lo curioso es observar como desde diferentes disciplinas y metodologías existen puentes que nos permiten llegar a lugares comunes. Puede que Robert Johnson allá por los años 20, consciente o no, encontrase un camino que lo llevó lejos, una pena que lo truncase el marido cabreado de uno de sus ligues.

Robert Johnson, Jelly Roll Morton, Duke Ellington, Louis Armstrong, Miles Davis, Dizzy Gillespie, Bud Powell, Lennie Tristano, etc. El hecho para mi es que todos estos músicos ponen de manifiesto la magnitud de la música y no solo por virtuosos o brillantes, que también, sino porque, por unos motivos u otros, todos ellos abrieron puertas, conectaron puntos, asentaron tendencias o de alguna manera contribuyeron a la riqueza y el desarrollo de la música. Y es que cada vez afianzo más la idea de que es el cruce de caminos lo que genera el punto de inflexión ya hablemos de música, literatura, cine, humanidades o economía.

El cruce de caminos se refiere a esos pueblos fronterizos que tenemos a lo largo de toda nuestra geografía, con todo lo que implica el concepto de “frontera”, a las bases militares afincadas en nuestro país en los 40-50, a las becas Erasmus de las universidades, a las Jam Sesions de cualquier garito de cualquier parte, a cualquier oficina de cualquier trabajo y lo diferente que es tener un responsable u otro, unos compañeros u otros, a una película de cine coreano que te hace dudar de lo que estas viendo, a las migraciones de cualquier época hacia cualquier lugar, a Internet…

Creo que se entiende por donde voy, hay un elemento de intercambio, mezcla, asimilación, enriquecimiento y progreso que está íntimamente unido a ese cruce de caminos. La diferencia la marca la voluntad, el carácter, el criterio, la humanidad… porque es igual de cierto que el mismo cruce en diferentes circunstancias genera “guerras”. Esa ambigüedad es quizá el meollo del asunto.

Ya en el pasado JazzMadrid 14 programaron un concierto de Alexis Delgado & Iñaki Salvador llamado “Johann Sebastian Jazz” y justamente hace unos días estos mismos músicos pasaban por el Café Central para tocar con el mismo proyecto. Y por casualidades un amigo sacó el tema hace apenas unos días. ¿Por que Bach y el Jazz? Algo había escuchado ya sobre la música barroca y la improvisación que me hacían pensar en conexiones interesantes. Así que buscando un poquito más encontré esto:

… J. S. Bach (1685-1750) creó las Variaciones Goldberg en 1741 “a petición de J.G. Goldberg, un talentoso alumno suyo. El trabajo de Goldberg consistía en entretener al Conde Keyserlink, el embajador de Rusia ante la Corte de Sajonia, que deseaba escuchar música por las noches para combatir su insomnio”.

… A partir de un tema único, llamado aria, Bach dio forma a 30 variaciones diferentes, todas basadas en la misma estructura armónica. “Algunas de las variaciones se refieren a formas musicales asociadas a la danza. Otras son de tal complejidad técnica que recuerdan a la escritura para teclado de Scarlatti”, continua el intérprete, que admira cómo “Bach ejemplifica aquí la libertad compositiva, es decir, la generación de piezas de diversidad extrema a partir de una idea básica. Nos ofrece así una visión completa y enciclopédica de su mundo musical a través de la limitada visión de una forma armónica simple”

Uri Caine en una entrevista con Charo Ramos para el Diario de Sevilla

Y mi amigo Rafa me decía, “¿Habéis escuchado a Ynwee Malstem?, la mayoría de sus punteos son ejercicios basados en la escala menor armónica de Bach!”. En ese momento uno no sabe que decir, nada más que un ¡Joder! (la escala aparece a partir del segundo 39)

Dice Lorenzo Juan Llabrés (donostiarra y profesor de matemáticas en el Instituto Koldo Mitxelena de Rentería) en un artículo para El Club de Jazz:

“Es sabido que en la música Barroca, y sobre todo en los conciertos, lo habitual era dejar líneas abiertas a los instrumentos solistas para que improvisaran libremente sobre unas pautas. Es una pena que eso se perdiera, porque en los conciertos barrocos, tal como se suelen oír hoy en día, la parte “improvisada” de los solistas se interpreta siempre de la misma manera, siguiendo una o más transcripciones “famosas”. Algo así como si los futuros músicos de jazz de finales del siglo XXI interpretaran los solos de jazz según transcripciones de solos famosos de Parker o Gillespie, por citar algún ejemplo”

El Miserere de Allegri, como era habitual hacerlo entonces, se basaba en la monodía gregoriana, pero armonizándolo, convirtiéndolo en polifonía, lo que se llama falso-bordone. La versión de Allegri alterna tres formas para el versículo, una, la salmodia gregoriana y las otras dos, a cuatro y cinco voces respectivamente.

La novedad es que, pronto, en el Vaticano (¿quizás ya muerto Allegri?) se dejó libertad a los solistas para que, en las versiones polifónicas, improvisaran según su propio gusto y sabiduría. Las voces solistas de la época eran castrados sopranos, altos masculinos, barítonos y bajos. ¿No os recuerda la sección de viento de una big band?

Y sobre otros grandes del Jazz que estudiaron a Bach:

El pianista ciego Lenie Tristano, que había recibido una formación clásica, creyó encontrar una relación de consanguinidad entre Bach y el jazz que procedía de su fascinación por la linealidad y los contrapuntos rítmicos. Su tema G Minor Complex, constituye la prueba definitiva del modo en que Tristano revisó productivamente la herencia de El clave bien temperado. Más o menos por la misma época, otro pianista formidable, Bud Powell, plasmó en su disco Bud! una referencia al barroco de la escuela bachiana en el tema Bud on Bach

vía LaQuintadisminuida.com

O Glenn Gould, pianista canadiense:

Glenn Gould (fue el primero en grabar las Variaciones Goldberg de Bach en 1955) destacaba la fuerza rítmica de la partitura demostrando que habían tenido que pasar trescientos años para que el bebop de los Charlie Parker y Dizzy Gillespie o incluso el cool de Miles Davis lograran igualar ese derroche de imaginación melódica en torno a un único tema musical.

vía elasuntodaffari: Cuando Bach inventó el Jazz

Reconozco que apenas tengo referencias de música clásica pero es, sobre todo, la parte conceptual la que me tiene fascinado y la muestra patente de que se puede llegar a prácticas muy similares desde caminos muy diferentes. Ya sea el Jazz o la música Clásica, hay puntos donde convergen tanto a nivel estético como compositivo.

Sobre este tema os dejo un artículo de Chema García Martínez: Clásica y jazz: historia de un amor no siempre correspondido

Así que parece que si uno juega bien sus cartas y apunta en la buena dirección es posible conquistar muchas cosas.

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Sobre el autor

Dani

Sociólogo, con cierta afinidad por la tecnología, usuario de software libre y amante de la música, la cultura y las buenas relaciones sociales. A veces me llaman lanide.

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